Toda esta mierda va de los mismos sentimientos en camas distintas, de amaneceres únicos con un sol común. Gracias a este tipo de juegos los ‘te quiero’ pierden valor, pero no hay prisa. Que si hoy te saca sonrisas y te agarra de la mano, mañana juega otras cartas y deja los “buenos días princesa” de lado. De soltar frases bonitas para comernos la boca sabemos todos. Y no pocas.
Lo bonito es vivirlo y recordarlo
después. Que de cada noche sin dormir saques como recuerdo la sensación de
abrazarle al día siguiente. Ahórrate los intermedios llenos de discusiones,
desearías que tuviese las ganas que tenía antes de gritar que no quiere volver
a verte. Ahora no queda ni eso. Que miras atrás al cabo de los meses y no te
reconoces. La ingenuidad nos hace felices.
La parte buena de estas historias es que de todo aprendes. Al próximo que te jure el cielo le negarás la posibilidad de llevarte allí, y cuando te digan que te quieren pensarás dos veces la respuesta antes de decir
que tú lo haces el doble.
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