viernes, 1 de marzo de 2013

Un soñador mirando hacia el suelo, quizá ese sea el paisaje más bonito de Madrid





Pocas veces algo te toca tanto como para llenarte con un solo roce. Y no fue ni un roce, lo prometo. Fue algo así como la falta de oxígeno. Y de equilibrio. Quizá ese roce fue lo que me hizo perder la cabeza aquella noche. Eso y la cerveza que me tomaba cada vez que ella sonreía. Y me enamoré de su sonrisa. Así que echa cuentas de cómo iba.
Lo único que me quedó claro de ese roce (o casi roce), fue que su color favorito era el azul. Bueno, al menos ese era el color de su ropa interior. Y no me malinterpretes, no lo sé por eso de los roces de los que te he hablado antes, sino porque al bailar hacia un nosequé con la cadera que incitaba a su vestido a volar de un lado a otro. A rozar con el aire. Y mis ojos iban detrás, como un tic tac que solo paraba cuando el tocadiscos hacía sonar otra canción. Y esa fue otra causa de perder la cabeza aquella noche, el vaivén que hacían mis ojos entre roce y roce de un disco, al son de una canción en inglés de la que no llegaba a entender más que el título. Y ni eso.

Luego nos pusimos melancólicos con Sabina de fondo. Verde. Ahí supe que el verde era el color que más le gustaba. Yo le dije que el blanco, por eso de que su vestido era de ese color. En realidad prefería el lila de las flores que tenía estampadas sobre él. No se lo dije. Tenía miedo de hacerlo y que pensase que había ido a parar frente al chico joven y borracho del típico garito del centro de Madrid con gustos peculiares. Así de gilipollas soy a veces. Luego me habló de ese tal Shakespeare y de suicidarse por amor. Rozó el vaso con los dedos, haciendo círculos, apretó los labios y los abrió después.
Qué gilipollez es eso de la literatura a veces. Suicidarse por amor. Yo solo me tiraría desde un edificio por tres razones. Adrenalina, ganas de volar o sordera. Pero no intentes hablarme solo moviendo los labios. Ya lo han hecho muchos por intentar verme caer. Dijo. Y guiñó un ojo después. Rozando las pestañas.


(...)

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