martes, 16 de abril de 2013

Sin título

Voy a intentar que suene alegre 
aunque no lo sea,
mas ahora que duermes, no intentes
que esto no suene a tristeza.


Cuando traes la primavera

me fijo más en ella,
lleva menos ropa por ausencia de frío
y sin una bufanda de punto en el cuello
es fácil navegar en su colección de 
rasguños.


Te confesaré que

sigue levantándose en mitad de la noche 
y girándose hacia tu lado de la cama,
por pura inercia.


Te confesaré que

también echa de menos las discusiones 
sobre llevar abierta o cerrada
la ventanilla trasera del coche,
e incluso cedería a que el aire entrara
y la despeinase.


Te confesaré que

siempre que la beso 
tiene las mejillas saladas,
los dedos húmedos
y no deja de llover.


Anque no lo diga, 

sé que nunca escala una escalera 
porque si mira abajo y no estás sujentando
se siente inestable;
sé que nunca hace la cama por las mañanas
porque no sabe hacerla si es doble
y no es entre dos;
sé que nunca dejarán de esperar a la noche
su esperanza intacta y sus nervios a flor de piel,
y seguirán calentando tu lado del colchón por si acaso
algún día Luna la ve en la ventana 
y te deja volver.


Te confesaré que

a pesar de no distinguir los sonidos
sigue haciendo un esfuerzo
por si, con suerte, distingue tu voz.
Ha dejado de hablar para el mundo
y ahora pocos la entienden,
pero tranquilo, una de esos soy yo.


Te confesaré que

dice que a veces pierde norte, sur y fuerzas
de seguir buscándote,
de seguir rezándote en silencio y de rodillas
mientras que tu éstas
tan polvo, tan nada,
que ni siquiera puedes abrir los ojos y verla.


Pero de repente traes Abril,

aguas mil desde tus ojos,
y con ellas primavera,
coloreada de flores en todas las escalas
menos en la negra.


De repente ella deja de llover,

porque la sal de sus ojos mata las flores
dice.


Te confesaré que

yo también soy un poco ella a veces
y me da por provocar diluvios
si no estás.
Pero hace poco tu hija me dijo
que estar no es lo mismo que ser,
desde entonces he dejado de llover
y ahora sé
y ella sabrá 
que aunque algunos ya no estén, 
siempre serán.


 

   

2 comentarios:

  1. Qué maravilla...por un momento no sólo lo he leído con mi voz, sino sentido con mi piel.

    Emociona, y mucho.

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