miércoles, 9 de abril de 2014

Inspiracionas

Cuando parpadeas sí. 

Tiene sentido que seas ojos cielo a pesar de ser marrones, y ojos viento, y ojos niebla, y ojos sueño, y ojo, tiene sentido que bajes aquí a ser yo de vez en cuando para hacerme de rabiar y después decirme: estás feísima llorando en esta época del año, y esta época son todas, ya sabes. 
Porque si no fuese por cómo miras antes de pestañear, esta mierda, este mundo, este mundo de mierda nunca hubiese llegado a ser esto: una mierda de mundo preciosa. 
Caer, resbalar, tropezar o volar indistintamente, siempre que salida y meta sean el mismo sitio, siempre que el camino lo marquen tus pies de manera inconstante, con frenazos bruscos. Bailar así, con ritmo aleatorio y compás improvisado, tan a carcajadas, silenciando la música, porque al final, qué más da el decorado.

Qué pena el mundo que no ve amanecer, que no te despierta y se acurruca mientras tu espalda es refugio en el que quedarse a morir. Aunque sea un rato. Qué pena que no haya tabaco, haya bebido café, y la noche parezca el escenario perfecto en el que estrenar la tragedia que es mi vida de noche en noche.

Las ovejas se han comido a los monstruos y no me dejan dormir pidiendo que les cuente un cuento. Yo les hablo de ti y les digo que pronto el día será el más largo del año y podrán encerrarse en el minuto justo otro verano más. Otro invierno, si se atreven y dejan de tiritarme tan por dentro cuando escapas. 

La almohada apesta a tu pelo. Tu pelo a mis manos. Mis manos a ti. Círculo vicioso y polar que vuelve y revuelve todo y todo el rato, así no se puede poner fin a ninguna frase, a ninguna historia. Mejor no hablemos de ti. Mejor no parpadeemos.

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