Se
abrió el telón
bajó la mirada
subí la apuesta.
Siempre
se me ha dado bien jugar a matar con quien ya muestra sus primeras grietas.
Aquella noche él era tan frágil
que una sola de mis astillas hubiese podido
acabar con él y su armadura
pero frené, me contuve,
porque las batallas contra
uno mismo solo llevan a la auto-destrucción
y si mi día a día va en picado
dirección a mi propio fin,
quiero que estés presente y participes:
eres mi
guerra favorita.
Podría
pedirte un alto al fuego
algún día
y vernos en las trincheras,
pero eso
sería
tan absurdo
como pretender que tu coraza fuese mi escudo,
y no una barrera
sería tan estúpido
como seguir tanteándote a ciegas,
confiando en no ahogarme
en el deshielo de tus entrañas
sería tan ridículo
como lanzarse a los brazos
del diablo
buscando consuelo
sería un suicidio,
el suicidio más dulce.
(...)
Acerté transformándote en letras,
versando tus palabras de odio,
tejiendo en prosa todo
lo que nunca
me atrevería a decirte.
A la poesía le vienes grande,
y no
encuentro definición
del síndrome o trastorno que protagonizas.
Quevedo te definiría
como la enfermedad que crece si es curada
eso eres tú,
mi amor, pura paradoja
y no quiero curarme.
Me
preguntarás
de dónde brota tanto ansia
de alimentar desgracias
y no sabré
contestarte.
Hidratarme con lágrimas solo hace
que la sal que vive en ellas
no
deje a la sed calmarse.
Créeme,
paradoja en carne y hueso,
he dejado de creerme tus palabras
para confiar
en tus instintos,
así que olvídate de hacer promesas,
y hazme el amor
Cerremos la tragedia
con el número de víctimas más alto
que las que arrastró
Chernobyl.
¿Qué
somos, sino una hilera de corazones rotos bordeando el somier de un colchón?
No hay comentarios:
Publicar un comentario