sábado, 18 de mayo de 2013

Entre dos paraguas

Se abrió el telón
bajó la mirada
subí la apuesta.

Siempre se me ha dado bien jugar a matar con quien ya muestra sus primeras grietas. 

Aquella noche él era tan frágil 
que una sola de mis astillas hubiese podido acabar con él y su armadura
pero frené, me contuve,
porque las batallas contra uno mismo solo llevan a la auto-destrucción
y si mi día a día va en picado 
dirección a mi propio fin,
quiero que estés presente y participes:
eres mi guerra favorita.

Podría pedirte un alto al fuego
algún día
y vernos en las trincheras,
pero eso

sería tan absurdo
como pretender que tu coraza fuese mi escudo,
y no una barrera

sería tan estúpido
como seguir tanteándote a ciegas, 
confiando en no ahogarme en el deshielo de tus entrañas

sería tan ridículo
como lanzarse a los brazos del diablo
buscando consuelo

sería un suicidio, 
el suicidio más dulce.


(...)



Acerté transformándote en letras,
versando tus palabras de odio,
tejiendo en prosa todo
lo que nunca
me atrevería a decirte.

A la poesía le vienes grande,
y no encuentro definición
del síndrome o trastorno que protagonizas.

Quevedo  te definiría 
como la enfermedad que crece si es curada
eso eres tú, mi amor, pura paradoja
y no quiero curarme.

Me preguntarás
de dónde brota tanto ansia
de alimentar desgracias
y no sabré contestarte. 

Hidratarme con lágrimas solo hace 
que la sal que vive en ellas
no deje a la sed calmarse. 

Créeme, paradoja en carne y hueso,
 he dejado de creerme tus palabras
para confiar en tus instintos,
así que olvídate de hacer promesas,
y hazme el amor

Cerremos la tragedia
con el número de víctimas más alto
que las que arrastró Chernobyl.


¿Qué somos, sino una hilera de corazones rotos bordeando el somier de un colchón?

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