Te hablaré de ella.
La última noche fue el principio de un deshago que solo ha sabido apretar.
Has asfixiado, y asfixias
más que cualquier soga con carácter homicida.
Oigo
sus gritos de auxilio
ahogados entre bostezos
cada mañana,
los abrazos son
insustanciales,
sus brazos buscan la luz
en la que se han enredado tus manos
Todos
se preguntan qué te entretiene,
por qué no vuelves.
Aún guardo la esperanza
de que te hayas perdido en el abismo
de sus
ojos,
y no hayas tenido más remedio
que quedarte a dormir
en sus pestañas.
Aun guardo la esperanza
de que encuentres la salida.
Dime qué hacer
para encontrarte entre constelaciones.
Dime qué
estrella es la tuya.
Te aseguro
que las ganas nunca han sido silenciadas
por
kilómetros
de distancia,
y los años luz se reducen a suspiros
cuando el
despertador suena a las siete
y una voz sigue pidiéndote
cinco
minutos
más.
Desde la última noche
al sol le cuesta más amanecer.
Las nubes siguen
arropando Madrid
desde que no eres tú el que la arropas
cuando tirita por las
noches.
Renunciaría a la música, a la evasión en sus oídos,
por volver a
sentir la percusión de tus pasos por el pasillo.
Te has llevado el verano contigo.
Ahora ella es la única luz
que sostiene
otras dos,
y créeme que no es fácil
hacerle brillar si se siente agotada, si no tiene fuerza.
Has dejado la bombilla fundida, la cama fría,
frases a la
mitad,
hogares sin construir,
cuadros que pintar,
lugares por ver...
Incluso
alguna bronca por soltar.
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