lunes, 10 de junio de 2013

Carta más allá de las nubes




Te hablaré de ella.


La última noche fue el principio de un deshago que solo ha sabido apretar.


Has asfixiado, y asfixias
más que cualquier soga con carácter homicida.

Oigo sus gritos de auxilio 
ahogados entre bostezos
cada mañana,

los abrazos son insustanciales,

sus brazos buscan la luz 
en la que se han enredado tus manos

Todos se preguntan qué te entretiene,
por qué no vuelves.

Aún guardo la esperanza
de que te hayas perdido en el abismo 
de sus ojos, 
y no hayas tenido más remedio 
que quedarte a dormir
en sus pestañas.
Aun guardo la esperanza 
de que encuentres la salida.

Dime qué hacer
para encontrarte entre constelaciones.
Dime qué estrella es la tuya. 

Te aseguro 
que las ganas nunca han sido silenciadas 
por kilómetros 
de distancia, 
y los años luz se reducen a suspiros 
cuando el despertador suena a las siete 
y una voz sigue pidiéndote 
cinco 
minutos 
más.


Desde la última noche
al sol le cuesta más amanecer. 

Las nubes siguen arropando Madrid 
desde que no eres tú el que la arropas 
cuando tirita por las noches. 

Renunciaría a la música, a la evasión en sus oídos, 
por volver a sentir la percusión de tus pasos por el pasillo.
Te has llevado el verano contigo.

Ahora ella es la única luz 
que sostiene otras dos,
y créeme que no es fácil 
hacerle brillar si se siente agotada, si no tiene fuerza. 

Has dejado la bombilla fundida, la cama fría,
frases a la mitad,
hogares sin construir,
cuadros que pintar, 
lugares por ver...

Incluso alguna bronca por soltar.


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