Lloraba febrero,
todo pronóstico sentenciaba grietas
y no estábamos preparados
para inundarnos
me viste llegar, y te vi
estabas así, como siempre
treinta y seis centímetros por encima
del aire
sin miedo a estrellarte,
echando un pulso al equilibrio
con pasos suicidas,
sacando los dientes al destino
con ganas de morder,
guiñando un ojo al diablo
con gramos de suerte en las alas,
bailando con el frío
entre el vaho
frente al cruce
rojo
y mis mejillas se encienden
podemos brillar más que él -decías
apuntando a un avión,
volaremos más que ella -prometiste
señalando a la luna
eras así, o al revés
ya no me acuerdo,
ha llovido desde entonces
y no sabes
lo que gritan los truenos
lo que truena tu ausencia,
cuando huyes
¿quién no juega a la auto-destrucción de vez en cuando?
verde
crucé sin mirar
olvidando saltar las rayas negras
con la mente en blanco
y la razón intermitente
el plan era huir, te lo juro
el plan era coger aire
soltarlo todo
de golpe
destrozarte
con cuidado
y salir corriendo
entonces cerré los ojos
abrí las manos
y allí estaban las tuyas
cálidas
cargadas de caricias,
y quise vivir allí
mastiqué mis murmullos
los escupí
cerca
y se quedaron
allí
gritándote fuerte
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que malditos ellos que se dejan elevar por todo lo que les pensamos
ResponderEliminarya caerán, sí... caerán algun día
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