Hay canciones que matan, otras que reviven.
Aún ando metida en todo eso de encontrar el efecto que hiciste en mi vida.
Aún ando metida en todo eso de encontrar el efecto que hiciste en mi vida.
Cuando llegaba Septiembre y nos dejábamos arrastrar hasta el instituto siempre seguíamos la misma rutina en clase de educación física. Velocidad. Todo iba bien, era fácil echar a correr hacia un objetivo mientras el cronómetro volaba. Hasta que incluyeron la palabra "reacción". Yo que sé, soy de pocas luces y cero reflejos. Después teníamos "lanzamiento de". Era redondo y pesaba. Solo sé que nunca encontré sentido a ese ejercicio. Soy de dejar que todo caiga por su propio peso. ¿Por qué lanzarlo y obligarle a estrellarse?. Nunca superé los cinco metros. Abdominales era fácil. Mismos movimientos, mismo ritmo. Me recordaba a tropezar repetidamente con la misma piedra. Y claro, siempre tuve un diez. Resistencia me obligaba a parar y respirar. "Voy a dejar de fumar" prometía después de esa prueba, encendiéndome un cigarro a la vez. Nunca se me ha dado bien eso de la constancia. Aunque alguna vez rocé el notable.
Mi prueba favorita era salto. Espalda contra la pared y brazos hacia arriba. Dejabas tu marca y saltabas para superarla.
Digamos que tu eras esa marca grabada a lápiz que nadie borraba ni superaba. Solo estaba así, viendo caer al otoño, llover al invierno, florecer a la primavera... Solo estabas así.
Digamos que tu eras esa marca grabada a lápiz que nadie borraba ni superaba. Solo estaba así, viendo caer al otoño, llover al invierno, florecer a la primavera... Solo estabas así.
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