ensayo de un escándalo:
23:01
¿ya hueles la poesía o son imaginaciones mías?
23:04
te veo sonriendo en la entrada
guiñando un ojo al puerta,
veo una pareja de sombreros
y un trío de cervezas
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estreno del escándalo:
me quito el sombrero por esta noche
por la rubia artista de la chaqueta vaquera
la que sonríe al escuchar poesía
recita en voz alta los versos que guarda
en su nombre de seis letras, mismo número
que el nombre de la firma de cuadros
con inicial ge
hemos gastado más en cerveza que en libros
y brindo por ello
volvemos a casa con reliquias en los brazos
y en los bolsillos
porque a veces
el impulso de Escándar de grabar en pieles ajenas
lo que sale de dentro
también es un tipo de arte
yo grito rozando el cielo del metro,
ella se empeña en decir que es el techo
con una flecha en el brazo que dice:
“sigue buscando”
y a mi me parece una gilipollez buscar
lo que ya he encontrado:
a ti,
que caminas haciendo bailar a las aceras
y creas olor a primavera con paleta, pincel
y prados llenos de tragedias dispuestas a ser
deshojadas;
a ti,
que ahogas mis fantasmas en posos de un café
que he cambiado por un par de jarras frías
y un cigarro,
a ti,
que enseñas a derrumbar mitos, y demuestras
que invertir el tiempo en salas de bajo techo
y poesía en voz alta
es la mejor manera de enmarcar un viernes
o casi, casi,
casi mejor que una moneda contra un cristal
dando bola a otra ronda de felicidad
en envase de lata
ayer le pedí tres cifras,
“y se supera la agonía entre despiertos y dormidos”
contestaron,
escondidas en el antepenúltimo verso
de la página setenta y dos
de una antología de no se qué escritores bárbaros
que podrían volver cuerdos
a los psicólogos del bloque de en frente
que “sigan buscando” ellos
en el reflejo gris de sus espejos
último botellín en posición vertical
me lío uno y nos vamos
último del último botellín
¿y vosotras escribís? y tú,
dame tu número, o tu nombre
último del último del último
al final me lías tú
acabamos despidiéndonos dos veces
porque una sabe a poco
y tres son demasiadas,
gritan las puertas del metro de la línea uno
que volvamos a la espuma de la última botella,
que nos hemos olvidado los últimos resquicios
de vergüenza,
dicen
así que una vez más
me quito el sombrero por esta noche
por la rubia artista de la chaqueta vaquera,
por el cambio de mi número por un sombrero
unos cuantos versos
y el doble del triple de cervezas
que llevábamos en mente,
por su picardía,
por nuestra desobediencia
y brindo una última vez
pero no por su sonrisa, que la tiene
esta noche el cristal choca
porque sabe sonreír
qué dulce manera de empezar y acabar un fin de semana
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